sábado, 15 de julio de 2017

Uno y sí mismo

«Soy vertical
Pero preferiría ser horizontal...
...y he de ser útil cuando yazca al fin:
por una vez, entonces, me tocarán los árboles, 
[y tendrán tiempo para mí las flores.»
—Sylvia Plath

Compañeros, obligados participantes de esta distribución terrena, no os entiendo.
Si todos lleváis sobre el mundo este hueso hueco y antiquísimo por víscera —ligeramente hacia la izquierda—, si desde su rigidez apenas si bombea y veis la vida translúcida, como investigada apenas a través de una lámina de una radiografía difusa: demasiado oscura, demasiado mal enfocada. Si lleváis la asfixia en algún lugar entre el esternón y la tráquea y no podéis respirar, toser, vivir. Si habéis acumulado las palabras en la misma forma, el mismo estante, todas con su mismo significado: desde arlequín a gusano, si todas una palabra misma y así optáis por enmendarla en una frágil colcha de silencio y el silencio no es suave, ni térmico, ni tangible. Si veis el primer rayo del día y rogáis, si dudáis del tiempo que podréis despertar apenas con un maullido en la oreja y levantaros tan solo por ese maullido en las córneas y avanzar tan solo por ese maullido en los dientes y resistir tan solo por esa levedad sonora, si dudáis si tendréis que empezar ya a disculparos por el fósil doloso que será vuestro contorno, si será valiente o cobarde esta resolución definitiva, si ocultáis las lágrimas como una vergüenza inmensa en vuestro cuerpo y fingís sonrisas plastificadas, alegrías plastificadas, manos de plástico plastificadas. Si todos sentís no poder, por poder, bañar siquiera con saliva vuestra lengua: no el acto más básico, ni razonado, ni nimio y así pensáis «aquí en el centro me atornillo una existencia oxidada».
Pues, no lo entiendo. Si todos sois yo y como yo sentís el sentir como este hierro candente, si todos sois todos en vuestro revés y el hacia dentro: por qué perpetuáis la especie e intentáis poner un pie tras otro, una palabra tras otra, una respiración constante y superflua y procesada, un mirar infatigable. Si todos lleváis mis ojos, mi aire, mi boca, mis pies y todo es uno y es sí mismo, entonces sabéis: que hay —al parecer— un ser humano único, solo y desmigado por el mundo, y es triste y es suicida y ha comprendido: que hay palabras sinónimas de la forma y sombra de una jaula y que nos dibujamos símbolos en la carne de su carne como cuevas.
No sé, tal vez haya ocasión para que encuentre paz y entonces os entienda. Pero estáis aún por venir
y llegaréis para las flores.

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